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Persona jugando a videojuegos online en casa con signos de pérdida de control sobre el juego

Cuando jugar deja de ser solo jugar: ¿qué pasa cuando ya no puedes parar?

«Una partida más y lo dejo.»

Pero termina esa partida y empiezas otra.

Sabes qué hora es. Sabes que mañana madrugas. Sabes que tienes cosas pendientes. Incluso sabes que llevas demasiado tiempo jugando. Pero sigues.

Quizá tu pareja lleva un rato intentando hablar contigo. Tu hijo te ha llamado desde otra habitación. «Ahora voy.» «Déjame terminar esto.» «Cinco minutos.» Y pasan veinte. Después cuarenta.

No es que no te importe lo que ocurre a tu alrededor. Tampoco es que no sepas que deberías parar. Lo sabes.

El problema es que saberlo ya no siempre es suficiente para conseguirlo.

Una pregunta que merece la pena¿Sigo jugando porque quiero o porque cada vez me cuesta más parar?

Horas no es lo mismo que control

Jugar mucho no significa necesariamente tener una adicción

Disfrutar de los videojuegos no tiene nada de malo. Puedes jugar online, competir, hablar con otras personas, formar parte de un equipo y dedicar muchas horas a esta afición sin presentar necesariamente un problema.

La diferencia no está solamente en el reloj. Está en el control.

La Organización Mundial de la Salud reconoce el trastorno por videojuegos o gaming disorder y pone el foco en tres aspectos principales: dificultad para controlar el juego, darle progresivamente prioridad frente a otras actividades y continuar jugando a pesar de sus consecuencias negativas.

Por eso quizá no deberíamos empezar preguntando «¿Cuántas horas juegas?», sino: «¿Qué está empezando a ocurrir en tu vida por seguir jugando?»

Pérdida de control

Cuando dices que vas a parar… y no paras

«Hoy solo juego una hora.» «Primero termino de trabajar.» «Esta noche me acuesto pronto.» «Este fin de semana voy a jugar menos.»

Y realmente tienes intención de hacerlo. Pero llega el momento. Abres el juego. Una partida lleva a otra. Y vuelves a romper el límite que tú mismo habías puesto.

Después puede aparecer frustración. «Mañana sí.» Y mañana vuelve a ocurrir.

Cuando este patrón se repite, puede aparecer una distancia cada vez mayor entre lo que quieres hacer y lo que finalmente haces. Ahí encontramos una de las señales más importantes de una conducta adictiva: la pérdida de control.

No es solo voluntad

«Si sabes que tienes que parar, ¿por qué no lo haces?»

Esta pregunta puede doler. Especialmente cuando te la hace alguien cercano. Porque probablemente tú también te la hayas hecho.

Desde fuera puede parecer una cuestión de voluntad: «Apágalo», «borra el juego», «controla un poco». Pero cuando una conducta empieza a adquirir características adictivas, no siempre resulta tan sencillo.

El juego puede proporcionar objetivos, sensación de progreso, competición, reconocimiento y relaciones. Y puede darte algo todavía más importante: unas horas en las que no tienes que pensar en lo demás.

El juego como vía de escape

«Cuando juego, desconecto de todo»

Has tenido un mal día. Juegas. Estás preocupado. Juegas. Te sientes solo. Juegas. Estás aburrido. Juegas.

Durante ese tiempo, tu atención está en otro sitio. Y durante un rato puede funcionar.

El problema aparece cuando el juego se convierte poco a poco en la principal forma de desconectar de aquello que te cuesta gestionar fuera de la pantalla.

Por eso, en ocasiones, la pregunta no debería ser solamente «¿Por qué juegas tanto?», sino: «¿Qué ocurre cuando dejas de jugar?»

Presente pero ausente

Estás en casa. Pero quizá hace tiempo que no estás del todo

Estás físicamente con tu familia. Pero una parte importante de tu atención sigue dentro del juego.

Tu pareja te cuenta algo y escuchas a medias. Tu hijo quiere enseñarte algo: «Ahora voy». Te pide ayuda: «Un segundo». Quiere que hagáis algo juntos: «Cuando termine».

No necesariamente ocurre una gran discusión. A veces ocurre algo mucho más silencioso. La vida continúa.

No porque no quieras a esas personas. Sino porque cada vez te resulta más difícil salir del juego cuando deberías hacerlo.

Ocultar el juego

Cuando empiezas a esconder que estás jugando

Puede ocurrir en el trabajo. Tienes cosas que hacer, pero abres el juego. Escuchas que alguien se acerca y cambias rápidamente de pantalla. O juegas desde el móvil porque resulta más fácil ocultarlo.

También puede ocurrir en casa. Dices que llevas jugando media hora cuando sabes que han sido dos. Esperas a que tu pareja se duerma. Minimizas el tiempo.

Ocultar una conducta no significa automáticamente que exista una adicción. Pero sí merece atención cuando empiezas a esconderla porque sabes que está interfiriendo en cosas que necesitas hacer.

Impacto en el trabajo

Cuando jugar empieza a afectar a tu trabajo

El problema puede comenzar de forma casi invisible: una partida durante una pausa, otra mientras esperas una respuesta, un momento desde el móvil.

Pero empiezas a interrumpirte constantemente. Pierdes concentración. Procrastinas. Una tarea tarda mucho más de lo que debería. Dejas cosas pendientes. Tu rendimiento baja.

Entonces aparece una contradicción difícil: el juego que utilizabas para desconectar del estrés puede acabar generándote todavía más estrés.

Sueño y descanso

«Esta es la última y me voy a dormir»

Sabes que es tarde. Mañana tienes que levantarte. Pero estás jugando. «Esta es la última.» No lo es.

Cuando finalmente cierras, has perdido una o dos horas de sueño. Al día siguiente estás cansado, te cuesta concentrarte y puedes estar más irritable.

Cuando esto se repite, el juego ya no está ocupando únicamente tu tiempo libre. También está condicionando cómo te encuentras cuando no estás jugando.

Lo que dejas de hacer

Cuando tu vida empieza a hacerse más pequeña

Esta puede ser una de las señales más importantes. No siempre consiste en lo que haces. También en todo aquello que has dejado de hacer.

Antes hacías deporte, quedabas con amigos, salías con tu pareja, jugabas con tus hijos o tenías otros intereses. Pero algunas cosas han ido desapareciendo.

Una pregunta para pararse¿Qué cosas que antes formaban parte de mi vida ya no están?

¿Te reconoces en esto?

No necesitas tener claro si existe una adicción para consultar tus dudas.

Centro Árbor · Conocer el tratamiento

Señales de alerta

Señales que no conviene normalizar

Una señal aislada no significa que exista una adicción al juego online. Es necesario valorar cada situación de forma individual. Pero merece la pena prestar atención cuando varias de estas situaciones se repiten:

  • Dices que vas a jugar un rato y terminas jugando durante horas.
  • Has intentado reducir el juego varias veces y no consigues mantenerlo.
  • Te cuesta parar aunque sabes que tienes responsabilidades pendientes.
  • Piensas frecuentemente en cuándo podrás volver a conectarte.
  • Duermes menos para seguir jugando.
  • Tu rendimiento laboral o académico está empeorando.
  • Juegas durante el trabajo o los estudios y empiezas a esconderlo.
  • Mientes o minimizas cuánto tiempo has jugado.
  • Tu pareja, hijos o familia reclaman tu atención mientras juegas.
  • Has dejado actividades que antes disfrutabas.
  • Utilizas el juego principalmente para escapar de preocupaciones o emociones difíciles.
  • Los conflictos alrededor del juego son cada vez más frecuentes.
  • Sabes que jugar te está generando consecuencias negativas y, aun así, continúas.

Reconocerlo

«Sé que tengo un problema, pero no puedo parar»

Quizá hayas llegado a este punto. Y puede resultar difícil reconocerlo.

Sabes que duermes menos. Sabes que estás rindiendo peor. Sabes que tu pareja está cansada. Sabes que tus hijos necesitan que estés más presente. Incluso sabes que jugar ya no te hace sentir tan bien como antes. Pero sigues volviendo.

Eso no significa que seas irresponsable ni que no quieras a tu familia. Puede significar que has perdido parte del control sobre una conducta que ahora resulta difícil modificar sin ayuda.

Y aquí hay algo importante: no necesitas esperar a que todo empeore para pedirla.

Qué hay detrás

Recuperarse no consiste simplemente en quitarte el juego

Cuando existe una relación problemática con el juego online, el objetivo no debería ser únicamente contar horas. Hay que entender qué hay detrás.

¿Por qué necesito conectarme? ¿Qué siento cuando no puedo jugar? ¿Qué estoy evitando? ¿Qué me proporciona el juego? ¿Qué partes de mi vida he ido abandonando?

Puede haber ansiedad, soledad, estrés, problemas familiares, baja autoestima, dificultades sociales o problemas de sueño.

El tratamiento debe adaptarse a cada persona y puede implicar profesionales de psicología, psiquiatría, medicina, terapia familiar o trabajo social. En adolescentes, el acompañamiento familiar puede ser especialmente importante.

Porque cuando existe una conducta adictiva, decir «tienes que controlarte» no siempre es suficiente.

Recuperar el control

Recuperar el control es volver a estar

Quizá recuperarse no signifique no volver a jugar nunca. Puede significar algo mucho más importante: volver a elegir.

Jugar porque quieres. Y poder parar cuando quieres. Trabajar sin esconder una partida. Dormir sin necesitar «una última». Escuchar cuando alguien te habla. Estar con tus hijos sin pensar en cuándo podrás volver a conectarte. Recuperar actividades que habías dejado.

Volver a estar presente en tu propia vida. Porque mientras estabas pendiente de lo que ocurría dentro del juego, fuera también estaban pasando cosas.

Si llevas tiempo pensando «Sé que debería parar, pero no consigo hacerlo», quizá no necesites seguir intentando demostrarte que puedes hacerlo solo.

En Centro Árbor trabajamos con personas y familias que presentan problemas relacionados con conductas adictivas. Una valoración profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo, si existe una pérdida de control y qué función está cumpliendo el juego en tu vida.

No hace falta esperar a perderlo todo para empezar a recuperar aquello que ya estás dejando de vivir.

No necesitas hacerlo solo

Si llevas tiempo pensando que deberías parar y no lo consigues, una valoración profesional puede ayudarte a entender qué está ocurriendo.

Centro Árbor · Contactar con Centro Árbor

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes sobre adicción al juego online

¿Cómo sé si tengo una adicción al juego online?

No depende únicamente de las horas. La pérdida de control, dar cada vez mayor prioridad al juego y continuar a pesar de consecuencias negativas son señales importantes. El diagnóstico debe realizarlo un profesional.

Quiero dejar de jugar, pero no puedo. ¿Es una señal de adicción?

Intentar repetidamente reducir o controlar el juego sin conseguirlo puede ser una señal relevante, especialmente cuando existen consecuencias sobre el trabajo, los estudios, las relaciones o el descanso.

¿Jugar a escondidas significa que tengo un problema?

No necesariamente. Pero ocultar o minimizar repetidamente el juego puede ser una señal de alarma cuando sabes que está interfiriendo en tus responsabilidades y, aun así, te resulta difícil parar.

¿Por qué puedo pasar tantas horas jugando sin darme cuenta?

Los videojuegos pueden mantener intensamente nuestra atención mediante objetivos, retos, progresión y recompensas. Si además jugar se utiliza para reducir estrés, aburrimiento o malestar, puede resultar todavía más difícil interrumpir la conducta.

¿La adicción al juego online puede afectar a la pareja y a los hijos?

Sí. Cuando el juego adquiere prioridad puede reducir el tiempo compartido y la disponibilidad emocional, además de generar conflictos. Es importante valorar si existe una pérdida de control sobre la conducta.

¿Tiene tratamiento?

Sí. Los problemas relacionados con el juego pueden abordarse profesionalmente. El tratamiento debe ser individualizado y valorar tanto la conducta como los factores emocionales, familiares y sociales que pueden estar manteniéndola.

Fuentes y aviso sanitario

Enlaces externos de interés

  1. Organización Mundial de la Salud (OMS). Addictive behaviours: Gaming disorder. Ver fuente
  2. Organización Mundial de la Salud (OMS). Addictive behaviour (ICD-11: gaming disorder). Ver fuente
  3. Gao YX, Wang JY, Dong GH. The prevalence and possible risk factors of internet gaming disorder among adolescents and young adults. Journal of Psychiatric Research, 2022. Ver fuente
Aviso sanitarioEste contenido tiene una finalidad informativa y no sustituye una valoración médica, psicológica o psiquiátrica individual. Ante una emergencia o una situación de riesgo inmediato, contacta con el 112.

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